miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Cómo demostrar lo que tenías alojado en tu espacio web?

Tema delicado, si tu proveedor ISP te ofreció un servicio de Hosting en el cual "tú no tenías que preocuparte de nada, podías dejar todo lo relativo a Internet en sus manos y centrarte en el núcleo de tu negocio", y una vez desarrollado tu negocio virtual decide eliminar tu presencia de Internet dolosamente borrando tu espacio web, bloqueando tu dominio y cuentas de correo asociadas.
El término dolo indica que conoce las consecuencias de la acción que va a realizar y a pesar de ello la ejecuta; es decir, sabe que la consecuencia de una acción como ésta provocará posiblemente la quiebra de tu negocio virtual.
Aquí, ya te puedes preguntar ¿por qué iba a hacer algo así?. Respuestas hay muchas, eliminar competencia en nichos de negocio que les interesen, desarrollar su propia actividad, ... Aunque me viene a la memoria el caso que nos contaban en el MBA en el cual una importante empresa española cuando se estaba introduciendo en un país centro americano sufría continuos robos en sus camiones, hasta que hizo socio del negocio a un importante grupo local. ¿Hace falta padrino o pagar alguna protección para poder desarrollar una actividad comercial por Internet?.
En fin, desde el punto de vista del letrado del ISP no existían contenido alguno alojado en su espacio web en base a que:
  1. "Todo era mentira", con esta simpleza ya tiene para rellenar muchas páginas en la contestación a la demanda y para rebatirla basta con:
    1. aportar las facturas de las decenas de las particulares y empresas que contrataron los servicios ofertados por Internet.
    2. mostrar lo que realmente tenía el portal en el momento de los hechos y para ello nada mejor que utilizar la "máquina del tiempo" y ver qué ofertaba el portal en la instantánea que se almacenó antes de ser borrado por el ISP. Esta instantánea muestra que los contenidos eran servidos desde la IP fija 80.26.14.145 asociada a un servidor HTTP alojado en las instalaciones propias del cliente y, de la interpretación de la url, que ésta era servida por un procedimiento PL/SQL almacenado, por tanto en un SGBDR de Oracle. Hay algunas instantáneas anteriores en las que se puede ver parte de la oferta formativa del año 2004. En la máquina del tiempo también se puede ver el desastroso efecto que sufrió el negocio del que no se pudo volver a tomar otra instantánea hasta nueve meses después.
    3. otro dato es el número de enlaces que muestren los buscadores para ese portal, dato que fue destacado por el propio perito informático que valoró los contenidos.
  2. "No hay constancia en el Registro de la Propiedad Intelectual de que la empresa o su administrador fueran propietarios de programa informático alguno". Si has trabajado en el sector de las TIC, sabrás que nadie registra los programas informáticos, pero además si has estudiado leyes, también sabrás que "La vigente Ley de Propiedad Intelectual ha zanjado con meridiana claridad la discusión doctrinal sobre la necesidad de la inscripción de los derechos de autor en el Registro de la Propiedad Intelectual, optando por un sistema que es precisamente antitético de la Ley de 10 de enero de 1879. En efecto, la LPI se carazteriza por reconocer la propiedad intelectual de cualquier obra "al autor por el solo hecho de su creación", tal y como expresa el primer artículo de la Ley 22/1987 de forma inequívoca". La inscripción es potestativa, es decir, voluntaria y tiene tan sólo una finalidad protectora. El letrado del ISP y cualquier interesado podrá leer sobre el tema en los apasionantes libros de Carlos Lasarte, concretamente esta cita es del correspondiente a "Propiedad y derechos reales de goce".
  3. "En las cuentas anuales de la empresa consta un inmovilizado inmaterial de 0 euros, así como en el de existencias". Si ya patina en leyes, en temas contables más. Aquí no tuvo pudor alguno en mezclar la Ley de sociedades anónimas con la de las sociedades limitadas, pero el contable de la empresa le tuvo que explicar que se da cierta paradoja. En el desarrollo de un software, su valor contable es igual número de horas que se hayan invertido en su desarrollo multiplicado por el precio hora de los recursos humanos que lo han llevado a cabo. Es decir, si te pones un sueldo de 100.000 euros y tardas dos años en desarrollarlo, valen 200.000 euros; pero si no te pones un salario en la empresa, valen 0 euros. Es tanto como decir que un famoso escritor que ha creado un nuevo libro, si se lo queman, no puede reclamar nada; o que si construyes una casita con tus manos y te la destruyen tampoco vale nada. Evidentemente, hay que ir al precio de reposición y ahí entra en juego un perito informático, que además en nuestro caso concreto hacía análisis forense, de manera que pudo rastrear lo que quedaban dispersos por Internet y por el servidor ubicado en la empresa.
  4. "No se perdió nada". Aquí el letrado utiliza "la máquina del tiempo" y como ve el menú de la izquierda y el dintel superior de inicio del portal, concluye que no se perdió nada. Como además en la parte central se hace referencia a la IP fija asociada al servidor web ubicado en la empresa, los contenidos estarán alojados en él. Por mas que lo expliques a quien no quiere entender o no tiene capacidad para ello, una cosa son los contenidos personalizados, dinámicos y poco pesados que se sirven desde un servidor web, en nuestro caso ubicado en las instalaciones de la empresa, y otra los contenidos estáticos y pesados que se servían desde el espacio web del ISP. Una cosa sencilla es hacer una copia de seguridad de una base de datos que almacena la información de los usuarios y los paquetes con la aplicación informática y gestionada fácilmente en el entorno de Oracle de forma automática e incremental, y otra muy distinta gestionar las copias de seguridad de las distintas versiones de los cientos de páginas que constituían los contenidos y podían ser modificadas online por cualquiera de los tutores. Confirmada su incapacidad para entender la arquitectura utilizada, el letrado del ISP dejó el tema para un posterior careo entre los peritos informáticos de las partes, que por cierto no se pudo llevar a cabo pues se le olvidó solicitarlo.
Paradojicamente el centro de proceso de datos de tu ISP, que podrías llegar a comparar con la cámara acorazada de una entidad financiera, y que podrías considerar el lugar más seguro del mundo para almacenar tus contenidos más valiosos, se convierte en una trampa al eludir el ISP cualquier tipo de responsabilidad y limitarla en todo caso a un porcentaje de la cuota cobrada por sus servicios. Igualmente la Justicia se convierte en su cómplice cuando no aprecia dolo o negligencia en la acción que realiza voluntariamente un empleado del ISP y que según el artículo 1.101 y s.s del Código Civil le obligaría a hacer frente a todos los daños causados. Es decir, el coste de reposición de los cursos que formaban un Master en Oracle sería de varios miles de euros en el mercado, pero para un Juez que no estime el dolo, puede que no valgan más que unos pocos céntimos, y es que el dolo es algo interpretable y un ISP de primer nivel alguien poderoso.

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